El café de las ocho

A quien lo encuentre,
Todas las mañanas, alguien deja un café en la mesa de la cocina antes de que yo me levante. No lo pido. No lo he pedido nunca. Está ahí, humeante, un poco cargado, con la cucharilla apoyada al lado.
No sé en qué momento empezó. No sé si quien lo hace sabe que es lo primero que busco con los ojos cada mañana.
Hay gestos que nadie anota y que sostienen días enteros.
Alguien, en algún sitio.